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El Trabajo ¿como un juego social”?

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Pintura de Joachim Patinir. “The Feeding of the Five Thousand”

En el libro “FELICIDAD LABORAL Tu Reforma Laboral Interior” podemos encontrar, entre otras, una idea especialmente provocadora: “El Juego Social del Trabajo”. Superadas las posibles resistencias iniciales a la misma, esta idea cambia radicalmente el estigma con el que nuestra cultura ha vivido el trabajo desde hace largo tiempo: el Trabajo como obligación, sacrificio y en última instancia “castigo divino”.

La idea de concebir el trabajo como un juego social entra en contradicción con muchas de nuestras creencias fundamentales. De hecho, el antiguo modelo separaba la obligación de la devoción y el trabajo del placer.

Considerar el trabajo como un juego no es una locura. Si la palabra juego suele producir disfrute y entusiasmo, todas ellas emociones que favorecen nuestro estado anímico, ¿por qué no asociarlas al trabajo? No hay nada malo en ello, al contrario, es muy beneficioso. Es solamente una cuestión de creencias.

En el modelo industrial la atención estaba puesta en recibir. Recoger un salario o un beneficio a cambio de mi tiempo, de mi energía y de mi experiencia. Basado en el paradigma de la subsistencia, el trabajo era una fuente de sustento en donde no estaba bien visto el disfrute y este solo se consideraba posible para algunos privilegiados.

En el contexto del Juego Social del Trabajo el foco principal esta puesto en “aportar”. Ofrecer lo mejor de ti, compartir tus talentos y habilidades al servicio de los demás. Por supuesto que también recibirás pero será la consecuencia de lo primero, cerrando así un ciclo vital de dar y de recibir como dos caras de una misma moneda

Cuando entramos en esta nueva visión vislumbramos cambios interesantes en el “tablero de juego”. En el pasado nos sentíamos como “fichas” movidas por el sistema, por la empresa, por la política, etc. En las formas evolutivas de entender el trabajo, el reto es sentirnos “jugadores” y no “fichas” del juego. Como jugadores somos responsables de nuestro juego. Al no ser fichas impotentes colocadas por otros, salimos del victimismo para jugar nuestras “bazas”.

En el Juego Social del Trabajo uno da lo que tiene, lo que conoce, lo que es. Y lo da porque se realiza, “se hace real”. Da porque reconoce la necesidad de ofrecerse. Y da, porque entregando lo que sabe, lo que le gusta y lo que ama hacer, está aportando lo mejor de si mismo al mundo y además, al hacerlo, disfruta.

Ahora bien, para responder de forma hábil ante el reto del Juego Social del Trabajo, cada uno tendrá que hacer algunos ajustes en su marco de referencia y reflexionar sobre determinados puntos. Si realmente uno llega a concebir y a hacer propia esta idea, inevitablemente va a traer consigo actitudes y estrategias muy diferentes de cara al Trabajo. Serán las que veamos en nuestras próximas entradas a este blog, que tendrán algunos de los siguientes contenidos:

Actitud JUGADOR”:

  • Conocer todas tus cartas, jugar con tus cualidades.

  • El tablero de juego.

  • Entrenar, un buen jugador se mantiene en forma.

  • Valorarse, creer que tienes cosas valiosas para aportar al juego

  • Ofrecerse, una actitud pro-activa ante el tablero de juego.

  • Trabajar en equipo y para el equipo.

  • “Para que yo gane, nadie tiene porqué perder”, “Cuando todos ganan, yo gano.”

  • y otras.

 

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2 thoughts on “El Trabajo ¿como un juego social”?

  1. No se si para mí el trabajo es un juego pero desde luego es algo que realizo gustosamente y me hace crecer como persona.

    La clave está en dotar de sentido el trabajo y ver los resultados del mismo, su utilidad, en mi caso el bien para otros. Creo que si damos lo mejor de nosotros, de nuestros conocimientos, de nuestra persona, el gozo es mucho mayor.

    Dominique Lapierre, siguiendo a la Madre Teresa de Calcuta, dice aquello de “Todo lo que no se da, se pierde”, de modo que demos todo lo que podamos, enseñemos todo lo que sabemos y recibamos todo lo que nos den,.

    Algunas de las conferencias de Juan Ramón Jiménez nos pueden servir de punto de referencia. Me estoy refiriendo a la de “El trabajo gustoso”.

    Juan Ramón Jiménez definía el progreso como un modo de crecer hacia adentro, hacia la propia conciencia. Desempeñar bien un trabajo suponía el mejor modo de vincularse éticamente a la realidad, de sociabilizarse, de equilibrar la conciencia individual con los compromisos colectivos.

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    • caminandoaldespertar dice:

      Gracias Mª Ángeles por tu generosa y certera aportación que en si ya es un “dar”. En el “viejo modelo del trabajo” el foco estaba muy centrado en la necesidad de recibir, que está más que justificada, recibir dinero, posición social, reconocimiento etc. pero en el trayecto, a menudo nos olvidamos del “dar” y como tú muy bien comentas, es precisamente el que nos hace conectar con el sentido. El trabajo como nuestra aportación a los demás, a la sociedad y a la vida. Cuando lo logramos algunas sensaciones como el sacrificio, la obligación o el aburrimiento desaparecen.
      ¡Gracias por tu “dar” Mª Ángeles!

      Me gusta

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